PORNOGRAFÍA DE LA MISERIA o del uso miserable del sufrimiento ajeno

monjas

Sofía Aström es la fundadora, junto a otro grupo de universitarias suecas, de la ONG http://30-rights.com  dedicada a la educación en Sudáfrica (y a la que he tenido el gusto de conocer en el máster de Fotoperiodismo que cursamos en la facultad de Sundsvall). Su estrecha relación con el sector de la Colaboración Internacional (cursó estudios de Ciencias Políticas en Lund) le ha permitido crearse su propia visión del país y sus gentes, que poco o nada tiene que ver con la imagen de África implantada en el imaginario colectivo occidental. Y como parte de ese conocimiento, ha querido compartir con los compañeros de la facultad una reflexión sobre el uso de la fotografía en las organizaciones humanitarias con el fin de combatir el abuso de las personas a las que se quiere representar.

En los casi dos siglos que van desde que los primeros exploradores coloniales mostraran al mundo imágenes de un mundo hasta entonces solo conocido como escenario bíblico o como espacio mítico poblado de animales fantásticos y fabulosas riquezas** (cfr. mi tesis doctoral “VISIONES OCCIDENTALES DE ÁFRICA, el reportaje como paradigma“, UAB, 1995), África sigue siendo “el continente oscuro”, pero no por el color de sus pobladores nativos sino por la continuidad interesada en una representación maniquea del mismo.

No es casualidad que la mayoría de nosotros tengamos una imagen de África como un continente de miseria desoladora e incapaz de valerse por sí mismo, cuando está compuesto por nada menos que 54 países pequeños, medianos y grandes, cada uno con sus propia historia y cultura. Los intereses materiales de las metrópolis europeas en el siglo XIX fomentaron la creación y explotación de esa construcción mental con todos los medios al alcance de las “grandes culturas”, empezando por un “pensamiento científico” que situaba a los africanos entre las “razas inferiores”, o a través de escritores y pensadores que elogiaban la colonización como un favor que se hacía a unos pueblos sin la menor noción de “progreso”.

A su vez, las instituciones religiosas que, aparentemente, actuaban al margen de los imperativos económicos, instalaron las llamadas Misiones en diferentes regiones del interior o las costas africanas, impulsados por la compasión y la creencia en la necesidad de evangelización del “buen salvaje”. Con su activa propaganda de problemas y soluciones, las misiones ayudaron a consolidar la imagen de un continente necesitado al que había que ayudar a sacar provecho de sus enormes riquezas.

Sin duda, la fotografía fue fundamental para remover la conciencia de los creyentes de las diversas ramas cristianas. Las postales eran una herramienta propagandística tan económica como eficaz: su pequeño tamaño permitía grandes tiradas en formas de series, fomentando así el coleccionismo, con una gran calidad visual gracias al avance de las técnicas de impresión en fotograbado. Las imágenes de las actividades y logros misioneros, (era frecuente el Antes/Después de la intervención misionera), servían para animar a los parroquianos a hacer una aportación económica que garantizase la continuidad de los proyectos civilizadores que se canalizaban a través de la religión.

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El cuidado de las almas era tan importante como el de los cuerpos. Los misioneros aparecían representados con actitud paternalista que se entedía como prolongación del amor divino. También como personajes valerosos y algo excentricos al dejar atrás sus raíces para desaparecer en la selva o poblados muy alejados de “la civilización”.

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Las actuales ONG son las continuadoras naturales de esa misma tarea de movilización económica con fines “reparadores”, pero ya no de la ausencia de protección divina, sino de la injusticia consecuencia de la colonización europea. Después de la segunda guerra mundial y la subsiguiente descolonización, el alivio de las penalidades de los países “en desarrollo” seguirá mayoritariamente a cargo de organizaciones religiosas, pero la complejidad de la tarea hará que las intervenciones sean cada vez más especializadas y delimitadas a un solo campo de acción (salud, educación, agricultura, estructuras económicas,…).

enseñarcatolicosUSOS Y ABUSOS DE LA FOTOGRAFÍA

Para no fomentar la suspicacia de ser la correa de transmisión de un nuevo colonialismo disfrazado de “Ayuda humanitaria”, la mayoría de organizaciones de cooperación se definen como No Gubernamentales, por lo tanto no dependientes de las subvenciones estatales de sus países de origen y en cambio financiadas a través de las cuotas de los socios o de las aportaciones puntuales posteriores a intensas campañas de información y movilización a través de los medios de comunicación o de las redes sociales y en las calles. El recurso a la imagen, en épocas consideradas sensibles en las sociedades occidentales (especialmente la Navidad), vuelve a ser primordial para las ONG. Primero para ganar visibilidad entre la inmensa red de asociaciones humanitarias, y luego para convencer de la necesidad de su acción mediante la exposición de los problemas que tratan de resolver y la veracidad de su cumplimiento.

Actualmente son tantas las campañas y las organizaciones implicadas que el efecto de concienciación y movilización es cada vez más difícil de conseguir. Cuando el recurso al personaje famoso que da la cara para visibilizar un problema de intervención urgente ya no basta, algunas organizaciones recurren a imágenes dramáticas que buscan una respuesta instintiva por parte del potencial donante, al que se priva de una información que fomente la reflexión y el conocimiento global de la situación en la que se está trabajando. La necesidad de dar una solución inmediata a un problema urgente lleva a la manipulación de la información a través de una selección excesivamente sesgada de los datos, una dramatización que a veces ha llegado a extremos tales que han permitido acuñar el término “pornografía de la miseria”.

PORNOGRAFÍA DE LA MISERIA

El término comporta una crítica del uso de la fotografía para ofrecer una imagen descontextualizada de un problema estructural con el fin de recaudar fondos, una dramatización que se justifica por tener como finalidad “una buena causa”. Estas actuaciones son tan reiteradas que han dado lugar a la exigencia de un código ético por parte de todas las organizaciones que trabajan en el sector de la cooperación internacional: “Un código adoptado en 2007 afirma que todas las futuras comunicaciones realizadas por las organizaciones no gubernamentales de ayuda al desarrollo deben estar fundamentadas en valores de dignidad humana, respecto y veracidad.” (“(“An updated code adopted in 2007 affirmed that all future communications by international development NGOs must be based on core values of human dignity, respect and truthfulness.” http://newint.org/features/2014/12/01/development-pornography

Pero, todas las organizaciones que han sido encuestadas en relación con el uso de imágenes extremas para recaudar fordos inciden en que esas campañas realmente tienen efecto y cuando se difunden consiguen su objetivo, que es recoger fondos para llevar a cabo su actividad.

Según nos señala Sofía Astrom, con la fotografía de la miseria se busca la emotividad en lugar de analizar las causas. Evoca la idea de que las personas en situación de pobreza son incapaces de ayudarse a sí mismas y que necesitan del mundo occidental para todo. Esta orientación paternalista conduce a la caridad por parte del receptor habitante de países ricos en lugar de movilizarlo para la acción. Es ua simplificación de la causa de la pobreza en el mundo que se detiene en la expectativa de la donación inmediata para la campaña vigente. No se trabaja una pedagogía de fondo que pueda crear una dinámica más constante entre la ONG y sus potenciales donantes, que pasarían a ser miembros informados y motivados.

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Una imagen con una representación clásica de la iconografía cristiana: la Virgen (obsérvese el color blanco de la camisa) y el niño. La leyenda dice que el amor no basta para salvar vidas como la de ese bebé.

Concepto de “estrés del donante”

La insistencia en esta representación simplista con el tiempo pierde su condición de detonante para las donaciones, ya que la cultura occidental ha normalizado la violencia hasta tal extremo que su consumo se ha convertido en una especie de droga en la que la exposición a la violencia tiene que ser progresivamente de mayor intensidad para conseguir el mismo efecto que al principio se conseguía solo con unas imágenes de cuerpos desnutridos. Se genera lo que los expertos denominan “estrés del donante”, que se vuelve menos receptivo a esas llamadas vehiculadas a través de imágenes fotográficas y solo responderá a la llamada cuando la imagen promocional impacte rotundamente en su conciencia.

“As some psychologists have argued, increasing levels of violence on television normalises violence. Subsequent images of violence then need to be more graphic to make an impact. Likewise an addiction to pornography demands increasingly graphic images to provoke even minimum arousal – in this case, a sense of outrage necessary to sustain similar levels of giving”

 

El fotógrafo que quiera trabajar el tema sin caer en los tópicos trasnochados antes mencionados tiene que plantearse su tarea en todas las fases de la producción.

ANTES DE FOTOGRAFIAR

  • Buscar el consentimiento de la persona o la comunidad para hacer fotografías y para su divulgación
  • Examinar sus propios motivos para tomar conciencia del grado de sinceridad que le lleva a trabajar el tema. Dejando de lado al profesional que actúe por encargo, el fotógrafo debe ser sincero consigo mismo y reconocer si está trabajando para buscar su propia promoción a través de un tema de impacto o su trabajo va a conducir a una reflexión y comprensión más profunda de la sociedad o del tema en cuestión.
  • No permitir que las personas fotografiadas finjan emociones. La sinceridad tiene que estar a ambos lados del objetivo. Hay que pensar que en la cultura de la imagen, salvo en sociedades muy remotas, todo el mundo está expuesto a su influencia y sabe perfectamente que la sobreactuación de la propia condición puede comportar una ventaja en forma de donativo en el presente o a medio plazo.
  • Pensar en lo que se está fotografiando. No debe limitarse a una representación literal de una situación sino que ésta debería contener suficientes matices para inducir a que el receptor reflexione y comprenda el trasfondo que sustenta la imagen.
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Una fotografía con muchos años de vigencia cuya enorme efectividad se basa en tomar a niños como referencia. La falta de contexto propiciada por el encuadre no contribuye a entender las causas del problema, el gesto de pedir es una invocación al potencial donante, la repetición del motivo, es decir los niños en todos los planos de la foto, induce a pensar que es un problema que no tiene final evidente
  •  MIENTRAS SE FOTOGRAFÍA
  • Procurar establecer una relación con las personas o grupos a los que se está documentando. Se trata de personas únicas con una identidad propia que merecen ser tratadas como individuos valiosos por sí mismos y no solamente como arquetipos para vehicular algún concepto abstracto, como el hambre, la pobreza, la injusticia, etc. Esto es lo que hace, entre otros, Ken Klich, quien no solo recuerda los nombres de las personas que aparecen en sus fotos, aunque sean niños de la calle, sino que a pesar del tiempo transcurrido y la distancia geográfica sigue manteniendo el trato y la amistad con ellos.
  • Si la situación lo exige, dejar la cámara de lado y ayudar
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Las imágenes del ANTES y DESPUÉS de la “intervención humanitaria” siguen siendo un fácil recurso para demostrar la eficacia de la acción llevada a cabo. Aunque el receptor no esté del todo convencido de que ambos niños sean el mismo.
  • DESPUÉS DE FOTOGRAFIAR
  • No hacer falsas generalizaciones acerca de las imágenes obtenidas. Tanto si trabaja para un periódico como para una ONG, el fotógrafo es un informador y lo que muestre y lo que escriba debe responder a los hechos y ser demostrado.
  • Buscar la concienciación del receptor y no explotar la simpatía pública a través de las emociones
  • La edición debe ser cuidadosa y veraz. Aunque las fotografías no estén manipuladas, la combinación que se establezca entre ellas puede generar ambigüedades y repercutir desfavorablemente en el trabajo, devaluándolo.
  • Poner el trabajo en contexto para asegurarse de que las fotografían documentan la situación real.
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El recurso al personaje famoso es el más frecuente cuando se trata de llegar a la opinión pública para sensibilizarlo sobre un tema o para hacer propaganda sobre la propia acción humanitaria

Para saber más:

http://www.pambazuka.net/en/category.php/features/27815

http://chrisblattman.com/2012/03/10/my-thoughts-on-kony-2012-and-a-defense-of-invisible-children/?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+chrisblattman+%28Chris+Blattman%29

The Pornography of Poverty: Reframing the Discourse of International Aid’s Representations of Starving Children

http://www.cjc-online.ca/index.php/journal/article/view/2587

http://www.trust.org/item/?map=aid-workers-lament-rise-of-development-pornography

http://africaunchained.blogspot.se/2007/05/development-pornography.html

http://www.katemanzo.com/wp-content/uploads/2009/04/extension-of-colonialism.pdf

http://www.one.org/us/2014/04/09/5-reasons-poverty-porn-empowers-the-wrong-person/

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