¿Posado o robado?

muestra.jpgEl fotógrafo de calle puede ver el mundo como una emanación de sí mismo o como algo que le es ajeno pero que le estimula a captar algunas porciones para comprobar hasta qué punto lo que llamamos realidad es algo tangible o fruto de una fantasía.

Por eso es que las imágenes más apreciadas han sido mayoritariamente las que muestran una escena en la que todo parece fluir “tal como es”, y el espectador, al ocupar el punto de vista del fotógrafo, revive la mirada furtiva del que ve sin ser visto y captura en una fracción de segundo la esencia de un momento significativo.

La invisibilidad del fotógrafo equivale a la del autor omnisciente que narra en tercera persona, sin nombrarse a sí mismo ni interpelar al lector. Es decir, un mundo donde no existen ni el yo ni el tú, sólo una distante tercera persona que evoluciona como parte de una dimensión espacio-tiempo con la que establece una relación de condicionamiento mutuo.

Otras veces no es su presencia física sino la herramienta lo que visibiliza al curioso. El aparato ejerce un efecto que incita al observado a ser consciente de sí mismo y a modificar la conducta, a veces convirtiéndose en una caricatura de sí mismo que rompe el encanto del encuentro, pero otras veces se hace cómplice del fotógrafo creando una auténtica comunicación  que trasciende el momento y la anécdota para revelar algo auténticamente profundo de la naturaleza humana.

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Iba yo cargada con las bolsas de la compra y con la cámara metida en la mochila pero sentí que no podía pasar por delante de esta escena tan significativa de ese momento vital, al principio del verano con alguien por quien se comparte un sentimiento profundo y aún así la vida no es perfecta. Tardé bastante en desembarazarme de mis bultos hasta encuadrar, enfocar y disparar, pero creo que recoge bastante bien la sensación que me llevó a querer reflejar ese momento de la vida en Nacksta.
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Cuando disparé no estaba segura de que me hubiesen visto, así que me pareció que debía decirles algo y justifiqué mi acción: “You look wonderful”. Ambos sonrieron amablemente, ella todavía con los restos de sus lágrimas, y seguí adelante.
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Apenas a 50m de la anterior toma, estas adolescentes kurdas (o armenias, ahora no recuerdo) se hacían oír y ver también desde lejos. Yo ya llevaba la cámara a la vista y ellas me sonrieron conscientes de sus tonterías adolescentes. Hice una foto volviéndome, pero la del medio se había girado mientras seguía hablando por el móvil. “Sophisticated ladies”, le dije cuando me miró. La muchacha se sintió muy halagada por el comentario y preguntó si les iba a hacer una foto.
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El efecto del comentario en las “modelos” es evidente en el resultado de la segunda instantánea. Por suerte, las tres que permanecían sentadas no rompieron el equilibrio de la agrupación y esta foto me gusta mucho más que la primera, aunque ya no se vea el móvil que actúa de ambientador musical.
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