ELOGIO DE LO PINTORESCO

1. adjetivo. “Que atrae o resulta agradable para la vista por su tipismo.”

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Cuando viajo, raras veces pierdo el tiempo en retratar vistas y monumentos porque creo que la función de representar lo típico es propio del género de la postal. No iba a desperdiciar mi tiempo en encuadrar o buscar una buena luz cuando los editores de postales habían “quemado” todas las posibilidades de visualización de ese motivo que despierta el interés del visitante hasta el punto de ser, tal vez, el motivo de la visita. Las postales despiertan el deseo de viajar para reproducir el momento seminal: plantarse delante de la vista o monumento emblemático y repetir el clic con nuestra propia cámara, como si quisiéramos verificar que la belleza es posible, no es una construcción visual.

Pero lo habitual es que nuestras cámaras y objetivos no estén a la altura de lo sublime y solo logremos una mera prueba de que, efectivamente, lo que nos deslumbró existe, es una realidad, pero como cualquier otra, es decir, tan plana como la que tenemos en nuestro lugar de origen. Así que, hay que seguir delegando en la postal la representación de lo sublime, pero no en su versión trascendente sino lo que cualquiera puede ver con sus propios ojos. Y la vista es selectiva, se desentiende de lo que no coincide con las expectativas creadas por el ideal, como si la memoria contara con una goma de borrar que elimina los detalles vulgares, anacrónicos, crueles.

Ahora que la técnica fotográfica se ha masificado tanto como los vuelos baratos, no existe “lo lejano” porque los de aquí y los de allí andamos todos mezclados y si a un vecino extranjero le ponderamos las maravillas de su tierra tal vez nos conteste con un listado de sus muchos inconvenientes, precisamente la suma de ellos serán los que le han inducido a buscar la vida que nosotros denostamos por su falta de aura.

Si otras definiciones recuerdan que lo pintoresco es aquel estímulo visual que nos produce un placer estético que nos induce a tratar de conservarlo de algún modo, no es sino por estar ante un “déjà vu” de nuestra memoria colectiva que fomenta el automatismo del disparo fotográfico, queriendo decirle al mundo que nosotros también lo hemos visto, igual que la imagen primigenia. Sí, la torre Eiffel es de día y de noche como aparece en las postales, y el Coliseo y el Partenón y el Big Ben… Claro, no pueden ser de otro modo por tratarse de elementos arquitectónicos que no se desplazan.

Pero, ¿qué pasa con esos elementos de la vida cotidiana que responden al gusto personal de los habitantes de un lugar determinado y que no cumplen una función tradicional que justifique una manera de “ser”, sino que son el reflejo de una manera de hacer y disponer que se ha ido sedimentando a lo largo del tiempo? De todo el conjunto de estímulos visuales diferenciamos inmediatamente aquellos que son peculiares del lugar, algunos de ellos parecen ser la quintaesencia de LO francés, lo italiano o lo británico. Y, por supuesto, de LO sueco, esos detalles que incluso el que no ha visitado el país reconoce como idiosincrásico.

Mi profesor de sueco me repite que no entiende qué hace alguien de Barcelona en Sundsvall, una ciudad de escasa población y aún menos alicientes para sorprender al foráneo, y yo insisto en que para mí la cultura sueca es la encarnación de lo exótico. En estas fotografías he querido singularizar esos detalles que, como mediterránea, me resultan característicos, es decir típicos, de estas tierras. El equilibrio y la perfección que se perciben desde fuera yo los muestro mediante el encuadre, donde no he tenido que intervenir más que en el cálculo de la cercanía. Lo que veréis en mis fotos puede que os “suene” de algo, tal vez de las películas de Ingmar Bergman o de la serie “Pippi Calzaslargas” de Astrid Lindgren, tan parecidos para un sueco como un huevo a una patata, pero ¡qué culpa tenemos los españoles que esos dos tesoros nacionales (que hoy son homenajeados en un billete de 20 y 200 coronas respectivamente) hayan sido durante muchos años lo más representativo de la cultura sueca!

Dejo que cada cual reconozca en estos cuadros los detalles más o menos identificativos de esta cultura del norte.

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